08 Oct Calabaza en dulce
Uno de los postres más representativos del otoño en México, en particular durante las festividades del Día de Muertos, es la calabaza en dulce. Esta tradicional mezcla de la calabaza de Castilla con piloncillo y canela, es la esencia de la cocina mexicana antigua y se vuelve el elemento ideal para las ofrendas familiares en octubre.
La costumbre de la calabaza en dulce se origina en tiempos prehispánicos, cuando nuestros antepasados ya sabían lo nutritiva y dulce que era la calabaza. La canela fue uno de los ingredientes que se agregaron con la llegada de los españoles y también se mejoró el método de cocción; lenta que distingue a este postre. En la actualidad, cada familia en México cuenta con su receta secreta, que se pasa de una generación a otra como un tesoro gastronómico.
La calabaza en dulce representa la abundancia y el agradecimiento, la generosidad de la tierra mexicana y el cariño que ponemos en cada elaboración para rendir homenaje a nuestros seres queridos se manifiestan en las ofrendas del Día de Muertos. Cada bocado nos vincula con nuestras raíces y nos hace recordar que las tradiciones más dulces son las que se comparten en familia.
Ingredientes:
- 2 kilogramos de calabaza de Castilla
- 500 gramos de piloncillo
- 4 trozos de canela
- Un litro de agua
Preparación paso a paso:
- Seleccionar la calabaza Castilla, de preferencia madura y firme.
- Cortar en grandes pedazos, manteniendo la cáscara, que le otorga al postre una textura más firme.
- Coloca una olla a fuego medio, vierte en ella el agua, el piloncillo y los trozos de de canela y produce un almíbar dorado que será el alma del dulce.
- Baja la temperatura y coloca los trozos de calabaza.
- La clave para una calabaza en dulce es la paciencia. La cocción tiene que ser continua y lenta, para que la calabaza no se deshaga y los sabores se concentren, logrando esa textura melosa tan característica.
- Deja enfriar antes de desmoldar y cortar.
Tip Jarritos
Acompaña el dulce de calabaza con tu Jarritos de mandarina helado es una deliciosa innovación que hemos encontrado. El dulzor del piloncillo se contrasta de manera perfecta con la acidez cítrica de la mandarina, lo que produce un balance de sabores que mejora tanto el postre como la bebida. Esta mezcla no solo es sabrosa, sino que también muestra la evolución natural de nuestras costumbres gastronómicas.